domingo, 26 de agosto de 2012

No sin ti. Capítulo 6


Pasaban los días y yo cada vez me sentía mejor. Danny y yo no nos veíamos mucho, pero cuando eso pasaba, no había ninguna tensión ni nada parecido. Volvíamos a ser los mismos de antes.

Era jueves y Harry y nos estábamos preparando para celebrar nuestros dos años juntos. No me había dicho dónde íbamos, prefería que fuera sorpresa. Cuando ya estábamos listos, nos metimos en el coche y me vendó los ojos.


  •       ¿Queda mucho? – llevábamos ya media hora de viaje y cada cinco segundos le hacía la misma pregunta.
  •         Como me vuelvas a preguntar lo mismo nos volvemos a casa – yo, a modo de protesta le di un codazo, pero no acerté.

Una hora después, Harry paró el coche y me ayudó a bajar. Aún no me había quitado la venda, así que tuve que pensar mucho para adivinarlo. Pero en ningún momento pensé que me fuera a llevar a un spa. Hacía mucho tiempo que quería ir, pero con el trabajo y los compromisos nunca tenía tiempo.

  •           Creo que me voy a quedar a vivir aquí – dije agarrándome a su cuello y dándole un beso a modo de agradecimiento.
  •           Si quieres nos quedamos – dijo él divertido.
  •           ¡Sí! – y empecé a dar saltos como una niña pequeña.

Cuando terminé de hacer el ridículo, Harry me cogió la mano y entramos dentro del hotel. Saludamos a la recepcionista y nos dio las llaves de nuestra habitación. Subimos en el ascensor y cuando Harry abrió la puerta me quedé con la boca abierta. Era alucinante.

  •           Te ha debido costar un pastón – me encontraba ya en la otra punta mirándolo todo.
  •           Te mereces lo mejor – me había cogido por detrás y me besaba en la nuca.
  •           Ya sabes que yo con cualquier chorrada me conformo – me giré y le besé.
  •           Si quieres lo cancelo y nos vamos a casa – se empezó a reír al ver mi cara.
  •           ¡No! Ya que estamos aquí habrá que aprovecharlo, ¿no? – pero esa frase iba con doble intención. Le arrastré hasta la cama y le empujé. Nuestro fin de semana no podía empezar mejor.

Me había quedado dormida. Menos mal que cuando abrí los ojos aún era de día, tenía que aprovechar cada minuto en aquel spa. Miré a mi lado pero Harry no estaba. Me levanté y vi una nota encima de la mesa. Se había ido al gimnasio, pero luego nos encontraríamos en la piscina. Por lo que tenía un par de horas para mí. Miré todo lo que nos ofrecía el spa y me decidí por la sauna, ya que a mí el gimnasio no me iba mucho.

Me había puesto un biquini y un albornoz y me dirigía a la sauna. Para mi suerte no había nadie, así podría estar sola con mis pensamientos. Me tumbé en uno de los bancos y cerré los ojos. Pero me quedé dormida otra vez, la semana había sido demasiado dura. Me desperté cuando noté un dedo recorriéndome la pierna. Sonreí y abrí los ojos dispuesta a seguir lo de la habitación, sin importarme a que nos pillaran.

  •           ¡Danny! ¿Qué haces tú aquí? – aparté la pierna de su mano y me senté.
  •           Sudando un poco – se sentó a mí lado y se apoyó en la pared.
  •           ¿Pero qué haces justo en este spa? – estaba segura de que no era coincidencia.
  •           Me apetecía relajarme, y este es uno de los mejores spas del país – yo me alejaba y él se acercaba. Dentro de poco me chocaría con la pared.
  •           Tú sabías que veníamos, ¿verdad? – sí, lo sabía, su expresión le delató.
  •           Yo le hablé a Harry sobre este spa, pero no le dije que vendría – volvió a acariciar mi pierna y eso me provocó un escalofrío aunque en esa sala hiciera mucho calor.
  •           Para Danny – su dedo cada vez se acercaba a una zona demasiado peligrosa.
  •           No quiero parar. Y tú tampoco – tenía su cara a muy poca distancia. Podía notar como sus gotas de sudor caían sobre mi piel.
  •           ¿Por qué no podemos ser solo amigos, Danny? – pero ni yo misma me lo creía. Y encima el que estuviera medio desnudo no ayudaba nada.
  •           Porque dos amigos no hacen esto – y me besó.

Pasé esas dos horas en aquella sauna, con Danny. Cuando salimos tuvimos que beber muchos litros de agua, estábamos deshidratados. Miré el reloj que había en una de las paredes y me di cuenta de que Harry ya estaría en la piscina. Solté el vaso y me puse el albornoz. Empecé a correr en dirección a la piscina.

  •           ¡Voy a estar aquí todo el fin de semana! – dijo Danny, pero yo ya había desaparecido.

sábado, 25 de agosto de 2012

No sin ti. Capítulo 5


Harry y yo volvimos de nuestras vacaciones. No supe nada de Danny desde que nos fuimos, y eso me tranquilizó un poco. Era lunes y tenía que ponerme las pilas con mi trabajo, así que llamé a mi equipo y les dije que se prepararan.

Esta vez me tocaba hacer fotos en un parque a las afueras de Londres. Era muy bonito, así que tendría que aprovecharlo. Coloqué a las modelos en los lugares correspondientes y empecé con la sesión de fotos. Cuando empezó a anochecer, les di las gracias por todo y me volví a casa. Había sido agotador, pero por lo menos en todo ese tiempo no había pensado ni una sola vez en Danny. Pero mi queridísimo Tom tuvo que proponérmelo, quería que para su álbum de la boda, hiciera unas cuantas fotos de los chicos y él en varios lugares de Londres. Le dije que no me gustaba nada mezclar trabajo y vida privada, pero siempre me había resultado imposible decirle que no. Ese fin de semana empezaríamos con las fotos. Por lo menos no vería a Danny hasta el sábado.

Y el día llegó. Quedé con todos ellos en una de sus calles favoritas, llena de pintadas y grafitis. Estábamos todos menos Danny, así que decidí empezar sin él. Les dije que fueran naturales y empecé a hacerles fotos.

  •           ¡Ya estoy aquí! – dijo Danny detrás de mí. - ¿Habíais empezado sin mí? ¡Eso no se hace!
  •           Ha sido idea de Zoe – Harry me delató. – Pero tampoco llevamos muchas.
  •           Genial. ¿Dónde me coloco? – se lo señalé y él obedeció.

Las primeras horas fueron más o menos tranquilas. Los chicos eran muy naturales, y por eso no tuve que repetir ninguna foto. Lo malo llegó cuando me dijo Tom que quería fotos de cada uno de ellos, por separado. No entendía muy bien porque quería eso, pero él mandaba y yo obedecía. El primero fue Harry. Era muy fácil hacerle fotos, siempre hacía lo que yo le mandaba y se portaba bien. Con Dougie era más difícil, ya que siempre estaba poniendo caras y nunca se estaba quieto. Luego posó Tom. Le hice unas cuantas fotos y como sabían que con Danny me costaría mucho, decidieron irse a tomar algo.

  •           Va, Danny, deja el móvil de una vez y hagamos esto – pero seguía sin hacerme caso. -¡Danny!
  •           Ya voy – se guardó el móvil y me miró. - ¿Qué quieres que haga?
  •           No sé, lo que quieras – y le enfoqué con la cámara. No quería mirarle directamente.
  •     ¡Tú eres la fotógrafa! – y justo cuando se rió le saqué una foto. – Eso no vale, me has pillado desprevenido. Hazme una ahora.

Y así comenzó su sesión de fotos. Él haciendo el payaso y yo haciéndole fotos intentando no reírme, ya que aunque hubiera pasado todo eso, seguía haciéndome reír. Estuve bastante rato sacándole fotos, Danny era muy fotogénico y eso me gustaba. Me encantaba hacerle fotos. Seguramente en su casa tendría bastantes álbumes guardados en algún sitio. Siempre que tenía un hueco, iba a su casa y le hacía fotos, o íbamos a nuestro parque favorito y lo mismo. Era una de las maneras que más nos gustaba de pasar el tiempo juntos.

  •           ¿Quieres que haga algo más? – llevábamos una hora y media y ya no se nos ocurría más poses.
  •           Ahora eres libre de hacer lo que quieras. Son las últimas fotos, así que elige bien tus poses – prepararé la cámara y esperé.

Danny empezó a bailar, luego imitó a los que solían ser mis modelos y por último empezó a caminar como lo hacían en las pasarelas. Mientras él hacía eso, yo le sacaba fotos y me reía. Era demasiado payaso. Pero no me di cuenta de que al estar andando, se había acercado a mí. Si hubiera seguido haciéndole fotos, probablemente solo se habrían visto sus pecas. Aparté la cámara y ahí lo tenía, mirándome fijamente y mordiéndose el labio. La cámara impedía que él se acercara más, pero Danny la cogió y la dejó en la mesa auxiliar.

  •           Danny – la llama se estaba volviendo a encender, y yo no quería.
  •           ¿Por qué te fuiste? – podía notar su aliento embriagador en mi cara, y eso me estaba matando.
  •           Danny, te dije que no iba a haber más veces. Eso se acabó, por favor, olvídalo – sus labios estaban a escasos centímetros de los míos.
  •           No puedo, Zoe. Llevo toda la semana pensando en esa noche, pensando en ti.
  •           ¿Y tu novia? ¿Y Harry? ¡Es tu amigo, joder! – di un paso atrás, pero él me imitó.
  •           Ya lo sé. Pienso en ello a todas horas. Harry es uno de mis mejores amigos y hacerle daño es lo último que quiero. Pero hay algo dentro de mí que – no le dejé continuar.
  •           No. Danny, esto tiene que acabar. Si de verdad no quieres hacerles más daño, tienes que dejar este juego. Danny, al final acabaremos haciéndonos daño tú y yo, y eres demasiado importante para mí como para que eso pase. Por favor, olvida todo lo que ha pasado, ¿vale? – pero él no parecía de acuerdo.
  •           Zoe, no creo que eso sea lo que quieras, pero para que veas que me importas, voy a hacerte caso.

Me acarició la mejilla y me dio un beso demasiado dulce. Pero por lo menos sabía que iba a ser el último beso. Unos minutos después aparecieron los demás. Se alegraron por saber que ya habíamos acabado y Tom, para celebrarlo, nos invitó a unas cuantas cervezas. Por fin había acabado el día, y lo más importante, había acabado lo mío con Danny.

No sin ti. Capítulo 4


Era la primera vez que no soñaba con Danny, y eso hizo que me sintiera muy bien y que me despertara con una gran sonrisa. Pero cuando abrí los ojos recordé todo lo que había pasado la noche anterior y mi sonrisa desapareció.

  •           Has tenido que ver algo realmente feo para que tu sonrisa se haya esfumado tan rápido – dijo una voz a mi lado.
  •           No debería estar aquí. Y tú no deberías estar tan feliz, lo que pasó anoche no estuvo nada bien – me quité la sábana pero me la volví a poner ya que estaba desnuda.
  •           Yo creo que estuvo más que bien. Y si te soy sincero, ha sido una de las mejores noches en mucho tiempo – él seguía tumbado, mirándome.
  •           Danny, no sigas por ese camino. Esto ha sido un error, el único error. No va a haber más, que te entre en la cabeza – busqué la camiseta y me la puse.
  •           Si tú lo dices – se encogió de hombros y sin ponerse nada de ropa se fue al baño.

Mientras le oía cantar en la ducha, cogí mis cosas y me vestí lo más rápido que pude. Tenía que salir de esa casa. Miré por todas partes por si se me había olvidado algo y me marché sin decirle nada.

Cuando llegué a casa me encontré con Harry desayunando. Me acerqué a él y le di un beso de los que acabas en la cama. Pude ver cómo a Harry le brillaban los ojos. Había estado esperando ese momento durante mucho tiempo.

Me desperté con el ruido de mi móvil. Alargué mi mano y lo cogí, era un mensaje de Danny: “Te has ido sin despedirte. Anoche me di cuenta de algo, pero si quieres saberlo tendrás que verme otra vez. Espero que la reconciliación con Harry haya ido bien. Gracias por uno de los mejores polvos de mi vida. Un beso de tu amigo Jones”. No podía ser verdad. Borré el mensaje y desperté a Harry.

  •           Cariño, haz las maletas porque nos vamos de viaje – le dije con la mejor sonrisa que pude poner en aquel momento.
  •           ¿Qué te ha dado Danny para desayunar? Primero esto y luego me dices que nos vayamos por ahí. Le diré a Danny que me diga que te ha dado. Tendré que empezar a hacer lo mismo – se levantó de la cama muy sonriente y abrió el armario para coger una maleta y empezar a meter ropa.
  •          Solo han sido los cereales de siempre, nada más – intenté hacer desaparecer mi cara de pánico. Menos mal que él no me estaba mirando en ese instante.

No avisamos a nadie, simplemente cogimos el coche y pusimos rumbo a algún lugar. No acabamos muy lejos, pero por lo menos no era la misma ciudad. Nos instalamos en una pequeña casita en medio de la nada y disfrutamos de unas mini vacaciones. Harry estaba feliz, pero yo no, cada día que pasaba junto a él me sentía más miserable. Quería contárselo, pero sabía que si lo hacía, le perdería para siempre. Y no me lo podía permitir, le quería demasiado.

Decidí olvidarme de Danny y de lo que pasó esa noche. Intentaría no mantener ningún tipo de contacto con él, pondría alguna excusa si quedábamos todos. Lo último que quería era volver a sentir lo que sentí cuando estuve con él, en su cama. Pero cada día me costaba más olvidarme de esa sensación. Cada vez que Harry y yo lo hacíamos me venían a la mente escenas de esa noche. Era horrible, estaba haciendo mucho daño a Harry aunque él no supiera nada. Y lo peor de todo, lo que más me dolía, era que una parte de mí quería volver a verle.

viernes, 24 de agosto de 2012

No sin ti. Capítulo 3


Esta situación empezaba a asustarme. Mi relación con Harry iba a peor, llevábamos un mes que apenas nos tocábamos, ni besos ni nada. Y todo era por mi culpa, llevaba varios días soñando con Danny y no sabía cómo pararlo. Me decía a mí misma que solo eran sueños, pero una parte de mí no estaba segura de eso. Y la peor parte se la estaba llevando Harry.

Esa noche Harry no dormiría en casa, tenía que encerrarse con los chicos para hacer bien su trabajo, o eso decían. Llamé a las chicas pero Beth estaba enferma y Sam estaba de reconciliación con su novio. Así que me tocó salir de fiesta yo solita. Me puse unos pantalones ajustados y una camiseta de tirantes. Un poco de perfume en los puntos clave y ya estaba lista para romper la noche sin nadie a mi lado.

Después de probar en varias discotecas acabé en el bar de siempre. Por lo menos ahí conocía al camarero. Aunque esa noche me dio poca conversación. Cinco copas después noté la presencia de alguien sentándose a mi lado.

  •           ¿Qué haces bebiendo tú sola? ¿No prefieres compañía? – genial, era Danny.
  •           Tú, lárgate y déjame en paz – ni siquiera le miré, seguí bebiendo.
  •           ¿Y si no quiero? – pidió algo mientras me hablaba.
  •           Haz lo que te dé la gana, pero a mí no me hables – me acabé la copa y pedí otra.
  •           ¿Problemas en el paraíso? – su irritable risa me molestó mucho e hizo que le mirara con odio. – Era solo una broma. Harry me lo ha contado todo. Supuse que estarías aquí y he venido a hablar – mi mirada pasó de odio a ira en un segundo. – Tranquila, vengo en son de paz. Solo quiero hablar.
  •           No es el mejor momento.
  •           ¿Y cuándo lo es? – Danny ya tenía su copa por la mitad.
  •           Nunca.
  •           Venga, Zoe. Algún día tendrás que hablar conmigo. ¡Joder! ¡Que somos amigos! – pegó un golpe con el vaso y yo me asusté.
  •           Un amigo no hace esas cosas.
  •           ¿Qué cosas? – el muy tonto no parecía entender nada.
  •           ¿Besar a una amiga? ¿Provocarla después del beso? – y Danny empezó a reírse.
  •           Solo intentaba romper el hielo. Si no recuerdo mal me estuviste evitando durante una semana. Y como en casa de Tom no me dirigiste la palabra, pues decidí jugar un poco.
  •           Eres un maldito imbécil – cogí mi copa y me fui hacia una mesa, alejada de él.
  •           ¿Por qué? Ya te dije que estaba borracho – se sentó a mi lado y me observó con detenimiento. – Espera, hay algo más, ¿no?
  •           Qué listo eres.
  •           ¿Los problemas que tienes con Harry son por mí? – no se lo creía.
  •           Sí, Danny. Por tu maldita culpa no he vuelto a acostarme con Harry. ¿Estás contento? – y rompí a llorar. Me sentía tan culpable e impotente que solo podía llorar.
  •           Pero si solo fue un beso, nada más. Yo iba muy borracho y fui un cerdo. No llores, por favor – no pude resistirme a su abrazo.
  •           Danny, no fue solo un simple beso. Esa noche me miraste de un modo extraño, no sé cómo explicarlo, pero había algo más a parte de una enorme borrachera. Y luego, en casa de Tom – mientras, seguía llorando en su hombro. – Danny, estoy confusa. Y no sé qué hacer.

Estuvimos en aquella postura un buen rato. Ninguno de los dos quería decir nada y estropearlo. Cuando quise darme cuenta, Danny subía unas escaleras conmigo entre sus brazos.

  •           ¿Qué haces? – no tenía fuerzas para librarme de sus brazos, así que me dejé llevar al piso de arriba.
  •           Estabas muy borracha y ya iban a cerrar el pub. Estamos en mi casa – llegamos arriba y abrió una puerta, era su habitación.
  •           Llévame a casa – le dije en un susurro.
  •           No estás en condiciones para explicarle a Harry nada. Además, ya le he dicho que esta noche te quedas a dormir aquí – me depositó suavemente en su cama.
  •           Estás loco – volví a oír cómo se reía.
  •           No irás a dormir con esa ropa, ¿no? Porque no parece muy cómoda – me observaba desde el quicio de la puerta.
  •           ¿Acaso tienes algún pijama mío escondido por ahí? – no tenía la menor intención de quitarme la ropa.
  •           Pijama tuyo aún no, pero tengo una camiseta que sé que te encanta – salió del cuarto y poco después volvió a aparecer con una camiseta en las manos. Sí, tenía razón, adoraba esa camiseta y ya se había convertido en mi pijama cuando dormía en su casa.
  •           Eres odioso – cogí la camiseta a regañadientes y le obligué a que se girara.
  •           Lo sé, pero te encanta que sea así – menos mal que cuando se giró yo ya estaba con la camiseta puesta. No me apetecía que me viera en ropa interior aunque ya lo hubiera hecho otras veces. Esta vez era diferente.

Sin darme tiempo a reaccionar se quitó la ropa y se puso solo un pantalón de pijama. No pude evitar mirar su tatuaje, aquellos dibujos siempre me habían fascinado. Incluso estuve presente cuando se hizo los últimos. Danny se dio cuenta y se sentó a mi lado, poniéndome el brazo delante para que lo pudiera ver mejor.

  •           Adoro tus tatuajes, son perfectos – no podía parar de mirar su brazo. – Aunque ya sabes que el que más me gusta es el que tienes en la parte superior de la espalda. Cuando lo vi por primera vez aluciné.

Con una sonrisa, Danny se giró para que lo pudiera contemplar. Sin saber muy bien cómo, me vi tocando su tatuaje. Rocé cada línea, cada letra de aquella perfección. Al cabo de unos minutos, Danny se volvió a girar y me miró. Otra vez me miraba de aquella manera extraña. Pero esta vez fui yo la que cogió con suma delicadeza su cara.

  •           Tengo que comprobar una cosa – dije antes de besarle y de encender definitivamente esa llama que había en nuestro interior. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

No sin ti. Capítulo 2


Había pasado una semana desde la boda de Tom. También había pasado una semana del beso con Danny. Intentaba olvidarme de ello, pero era imposible. Danny no paraba de llamarme. Cuando me levantaba, miraba el móvil y veía diez o quince llamadas suyas. Menos mal que no lo intentó al teléfono de casa, si no, Harry se habría enterado. Aunque yo no escondía nada, no había hecho nada malo. ¿Por qué me sentía como si le hubiese sido infiel?

Intenté mantenerme ocupada, trabajaba, salía con las chicas y estaba con Harry. Se me daba bastante bien ocultar mis sentimientos, así que nadie se dio cuenta de que algo no iba bien. Pero llegó el fin de semana y todo se fue al traste, Tom nos había invitado a su casa para celebrar que llevaba una semana casado. Y todos estábamos invitados, por lo que tendría que ver a Danny, aunque esperaba que no sacara el tema delante de todos.

Cuando llegamos a la casa de Tom ya estaban todos. Salimos al jardín y cogimos un par de cervezas. Harry se fue a ver qué tal iban las hamburguesas y yo me quedé hablando con el resto. Danny se encontraba justo enfrente de mí, pero para mi sorpresa, no me miraba. Me molestó un poco su comportamiento. Vale que yo le había ignorado toda la semana, pero había sido él el que me había besado, el que había hecho algo mal. Pero dejé ese tema de lado, me centré en pasármelo bien y en disfrutar de un día soleado, ya que hacía días que solo veíamos nubes.

Tom nos había dicho que nos lleváramos el bañador, ya que hacía un día tan bueno. Después de comer, nos quitamos la ropa y nos metimos sin pensarlo en la piscina. Nos pasamos varias horas nadando y charlando. Beth y Sam se fueron pronto, tenían cena con sus novios y tenían que prepararse. Harry y yo nos quedamos un rato más en la piscina, y el resto se salieron para prepararse para la cena, ya que alguien tenía que llamar para que nos trajeran las pizzas.

Tom llamó a Harry para que le ayudara a preparar los mojitos. Hice unos cuantos largos más y salí de la piscina, empezaba a refrescar. Cuando fui a por la toalla, vi que no estaba. Alguien se la había llevado. Estuve un buen rato tiritando, hasta que alguien me puso una toalla por la espalda. Me di la vuelta y vi al hombre que me había ignorado todo el día.

  •           Gracias – intenté parecer muy seca.
  •           ¿Algún día vas a perdonarme? – se había puesto delante de mí y me miraba suplicante.
  •           ¿Por qué tendría que perdonarte? – intenté ir hacia la casa, pero su cuerpo me lo impedía.
  •           Porque yo estaba borracho y solo fue un simple beso.
  •           Bueno, pues ya está, no hay nada más de que hablar – le aparté como pude y me metí en la casa.

Dentro encontré a Tom y Harry preparando la bebida. Me acerqué a ellos y les robé un vaso que ya estaba preparado. Necesitaba meterme algo de alcohol en el cuerpo, aunque esos mojitos nunca llevaban demasiado.

Las pizzas no tardaron en llegar. Nos sentamos en los sofás y vimos la tele mientras devorábamos las porciones. Ya no quedaban mojitos, así que me levanté con la esperanza de que quedara alguna cerveza en la nevera. No me di cuenta de que alguien me había seguido hasta la cocina. Abrí la nevera y ese alguien me acarició la espalda.

  •       Harry, sé que te pongo demasiado en esta postura, pero preferiría esperar a casa – y la risa que escuché no era la suya. - ¿Qué diablos haces?
  •       Tenías un papel pegado en la espalda, nada más – Danny se había apartado de mí y ahora estaba apoyado en la encimera.
  •           Danny, ¿a qué juegas? – cerré la nevera y le miré muy seria.
  •           ¿Yo? A nada – cogió una de las cervezas que llevaba yo en la mano y empezó a beber. - ¿Te molesta mi presencia? ¿Te pone nerviosa?
  •         No te reconozco Danny. ¡Te recuerdo que tienes novia! – fui hacia él y le di una bofetada. Pero cuando fui a quitar la mano él me la sujetó y eso hizo que estuviéramos muy cerca. – Madura de una vez.

Me solté, cogí otra cerveza más y salí de la cocina. Danny me pisaba los talones cuando llegamos al salón. Me senté al lado de Harry y le di una de las cervezas. Danny estaba en el suelo apoyado en uno de los sofás, primero me había ignorado y ahora no dejaba de mirarme. Intenté centrarme en la televisión y en la cerveza.

A las tres de la mañana volvimos a casa. Subimos directamente a la habitación. Harry estaba cansado pero yo tenía ganas de alargar la noche un poco más. Y como Harry es un ser humano, no pudo resistirse a la tentación. Pero esa noche fue un desastre, porque en uno de los momentos de mayor placer, vino la imagen de Danny a mi mente, y eso lo estropeó todo. Pero no porque no pudiera terminar, si no porque aumentó mi placer.

No sin ti. Capítulo 1


  •           Cariño, ¿estás lista? – Harry estaba en las escaleras mirando todo el rato el reloj. Se estaba poniendo muy nervioso.
  •       Un segundo. Es que no sé qué zapatos me quedan mejor.

Oí cómo subía las escaleras y entraba en nuestro cuarto. Yo me di la vuelta y le enseñé los dos pares de zapatos que me estaban volviendo loca.

  •           ¿Cuáles me pongo? – y Harry me señaló unas sandalias. – ¡Gracias cariño!

Nunca me había gustado mucho arreglarme para ese tipo de eventos. Así que no me comí mucho la cabeza para buscar el vestido. Se trataba de un vestido blanco y negro que se ataba al cuello. Ajustado por la cintura y con vuelo en la parte inferior. Sencillo pero muy bonito. Me arreglé un poco el pelo y me colgué del brazo de Harry.

Llegamos a la iglesia y fuimos a ver al novio. Estaba muy nervioso y eso hizo que todos nos riéramos.

  •           Tom, tranquilo. Lo harás muy bien – le animó Harry.

Dejé a Harry con Tom y me fui a buscar mi sitio entre los bancos de la iglesia. En ese momento vi a Danny entrar corriendo por la puerta principal.

  •  ¿Llego tarde? – preguntó entrecortadamente. Parecía venir de una carrera o algo.
  •  Respira anda. No eres el primero, pero tampoco el último.
  • ¡Bien! – se empezó a reír y las personas que iban entrando le miraban con caras raras.
  •  Baja un poco el tono de tu risa o te echarán – le agarré de la chaqueta y le hice sentarse a mi lado.
  • Vale, ¡pero no me arrugues el traje! – y empezó a alisárselo desesperadamente.
  • Eres un crío. Espera, ya lo hago yo – y empecé a hacer lo mismo.
  • Por cierto, estás muy guapa. Ese vestido te queda muy bien – yo me sonrojé, aunque ya debería estar acostumbrada a sus piropos y tonterías.
  • Tú también estás muy bien – nos quedamos mirándonos en silencio hasta que la madre de Tom apareció y le dijo a Danny que tenía que irse.

Había sido una sensación muy rara, pero seguramente eran los nervios. Hablé un rato con la madre de Tom hasta que llegaron Sam y Beth, iban deslumbrantes.

La ceremonia fue perfecta, los chicos estaban guapísimos y la novia iba radiante. Después de unas cuantas fotos, nos fuimos al banquete, nuestras tripas empezaban a quejarse. Danny, Dougie, Harry y nosotras tres nos sentamos en una mesa. La novia de Danny estaba de viaje, así que no pudo venir. También estaban en la misma mesa los novios de Sam y Beth.

Estuvimos toda la comida de risas y haciendo el tonto. Cuando nos juntábamos todos era lo que solía pasar. Dougie y Harry habían salido a la terraza para fumar. Y Danny y los otros dos se quedaron en la mesa bebiendo y mirando a las invitadas. Nosotras nos fuimos a saludar a la pareja y a bailar un rato. Danny se nos unió en la pista. Iba bastante borracho, aunque nosotras también llevábamos varias copas en el cuerpo. Hicimos un círculo y empezó a bailar muy sensualmente para las tres. Siempre tenía que hacer el payaso, fuera donde fuese. Yo estaba un poco distraída, así que no me di cuenta cuando me cogió y empezó a bailar conmigo. Incluso perdí una sandalia en una de las vueltas que me dio, pero me gustaba tanto hacer el payaso con él que no le di importancia. Estuvimos bailando hasta que los invitados empezaron a irse.

  •           Chicos, ya es hora de volver a casa – nos dijo Tom, que iba agarrado de su esposa.
  •         ¡Yo quiero bailar más! – decía Danny mientras se subía en una de las mesas y empezaba a hacer un estriptis.
  •           ¡Baja de ahí que te vas a matar! – le dije yo, pero siempre con una sonrisa en los labios.
  •           Zoe, ¿te ocupas tú de él? – dijo Tom y yo asentí. – Gracias. ¡Mañana nos vemos!

Las chicas se fueron a sus casas. Harry y Dougie se fueron juntos ya que Danny había venido en su coche y no queríamos dejarlo ahí. Por lo que me tocó conducirlo a mí.

  •           ¿Seguimos la fiesta nosotros? – dijo mientras ponía la radio y buscaba alguna emisora donde pusieran música marchosa.
  •           Creo que ya has tenido suficiente fiesta por hoy. Te llevo a casa y directo a la cama – le dije sin dejar de mirar a la carretera.
  •           ¡Eres mala! ¡Yo no quiero dormir! – apoyó su cabeza en mi hombro y empezó a tararear una canción.
  •         Mírate, estás reventado – le revolví el pelo y empecé yo también a tararear la canción. – Ya hemos llegado.

Fui hasta su puerta y le ayudé a salir del coche. Antes de entrar, tuve que sujetarle porque no paraba de vomitar. Después, entramos en su casa y le subí hasta su cuarto. Le di un vaso de agua y cuando se lo acabó empezó a quitarse la ropa, y aunque había confianza, me giré, para darle un poco de intimidad.

  • ¿Qué haces? – me dijo desde la cama. - ¿No me vas a ayudar?
  • Danny, tú solito puedes hacerlo – no me giré.
  • Va, porfi. Necesito ayuda, si me muevo mucho volveré a vomitar – se levantó como pudo y me cogió de la muñeca.
  • Está bien.

Danny se volvió a sentar en la cama y con una sonrisa triunfal se dejó hacer. Yo me agaché y le quité los zapatos. Luego, con demasiada fuerza que casi me caigo al suelo, le quité los pantalones. La camisa estaba casi abierta del todo, así que eso no me costó mucho. Me senté a su lado y terminé de desabrocharla. Pero lo que pasó después me dejó helada al mismo tiempo que confusa. Le fui a quitar la camisa cuando Danny se acercó a mí y me cogió la cara con las dos manos. Me la levantó un poco y me miró a los ojos. No sabría explicar muy bien qué decía su mirada en aquel momento. Después de apartarme un mechón que se había caído de mi recogido, me besó.

  •           ¿Se puede saber qué diablos haces? – cuando conseguí respirar, le empujé y me aparté de él.
  •           ¿No te ha gustado? – intentó acercarse a mí, pero yo ya estaba en la puerta, dispuesta a irme.
  •           Eres un maldito imbécil, Danny. Espero que duermas bien – salí dando un portazo. - ¡Adiós!

Cuando salí de su casa, empecé a caminar hacia la mía, no estaba demasiado lejos. En ese momento solo tenía una cosa en la cabeza, la sensación que me había dejado su beso. 

martes, 21 de agosto de 2012

No sin ti. Prólogo


  •       Mírame a los ojos y dime que me vaya.

Tenía delante al hombre que tantos quebraderos de cabeza me había dado en estos últimos meses. Cuando le conocí supe que íbamos a ser grandes amigos, y poco a poco lo conseguimos. Había química entre nosotros, pero no de esa en la que acabas en la cama, si no que cuando estábamos juntos, no había ningún tipo de tensión, podíamos estar horas hablando y no cansarnos, o estar tumbados en el sofá de su casa, viendo la tele y sin saber nada del exterior, como en una especie de burbuja, nuestra burbuja. Pero cada uno tenía su propia vida, y había alguien que nos esperaba a los dos en nuestras casas.

Lo que ninguno de los dos sabía era que dentro de nosotros había una llama que no tardaría en encenderse. Ninguno de los dos nos queríamos dar cuenta, él tenía novia y yo estaba con Harry. Los dos éramos muy felices con nuestras parejas. Pero cada vez se nos hacía más difícil escapar de aquel juego que empezó siendo inofensivo.
  •           ¿Zoe? – lo tenía tan cerca que me era imposible reaccionar.
  •           Vete, por favor – pero no conseguí mirarle a la cara.
  •       No es lo que quieres, ¿verdad? – me había puesto una mano en la cadera y yo no hice nada para impedirlo.
  •           Yo quiero a Harry – o eso pensaba yo. – No quiero hacerle más daño.
  •           Eso haberlo pensado antes de las últimas veces – ese hombre se había vuelto mi droga, era adicta a él, a sus besos, a sus caricias. Y no sabía cómo desintoxicarme.
  •           Por favor – pero sus labios estaban tan cerca de los míos que no pude resistirme.

Me agarré a su cuello con furia, él me cogió y me llevó hasta la cama. Ya no estábamos en la habitación de siempre. Desde que todo empezó, íbamos al mismo hotel para vernos, para sentirnos. Pero ahora estábamos en otro lugar bien distinto, a miles de kilómetros de nuestro hogar. Estábamos en la habitación de un hotel en Tailandia.

Pero esta situación tenía un principio, como cualquier historia. Todo empezó un catorce de julio. Era la boda de uno de sus mejores amigos y los dos estábamos invitados.