viernes, 24 de agosto de 2012

No sin ti. Capítulo 3


Esta situación empezaba a asustarme. Mi relación con Harry iba a peor, llevábamos un mes que apenas nos tocábamos, ni besos ni nada. Y todo era por mi culpa, llevaba varios días soñando con Danny y no sabía cómo pararlo. Me decía a mí misma que solo eran sueños, pero una parte de mí no estaba segura de eso. Y la peor parte se la estaba llevando Harry.

Esa noche Harry no dormiría en casa, tenía que encerrarse con los chicos para hacer bien su trabajo, o eso decían. Llamé a las chicas pero Beth estaba enferma y Sam estaba de reconciliación con su novio. Así que me tocó salir de fiesta yo solita. Me puse unos pantalones ajustados y una camiseta de tirantes. Un poco de perfume en los puntos clave y ya estaba lista para romper la noche sin nadie a mi lado.

Después de probar en varias discotecas acabé en el bar de siempre. Por lo menos ahí conocía al camarero. Aunque esa noche me dio poca conversación. Cinco copas después noté la presencia de alguien sentándose a mi lado.

  •           ¿Qué haces bebiendo tú sola? ¿No prefieres compañía? – genial, era Danny.
  •           Tú, lárgate y déjame en paz – ni siquiera le miré, seguí bebiendo.
  •           ¿Y si no quiero? – pidió algo mientras me hablaba.
  •           Haz lo que te dé la gana, pero a mí no me hables – me acabé la copa y pedí otra.
  •           ¿Problemas en el paraíso? – su irritable risa me molestó mucho e hizo que le mirara con odio. – Era solo una broma. Harry me lo ha contado todo. Supuse que estarías aquí y he venido a hablar – mi mirada pasó de odio a ira en un segundo. – Tranquila, vengo en son de paz. Solo quiero hablar.
  •           No es el mejor momento.
  •           ¿Y cuándo lo es? – Danny ya tenía su copa por la mitad.
  •           Nunca.
  •           Venga, Zoe. Algún día tendrás que hablar conmigo. ¡Joder! ¡Que somos amigos! – pegó un golpe con el vaso y yo me asusté.
  •           Un amigo no hace esas cosas.
  •           ¿Qué cosas? – el muy tonto no parecía entender nada.
  •           ¿Besar a una amiga? ¿Provocarla después del beso? – y Danny empezó a reírse.
  •           Solo intentaba romper el hielo. Si no recuerdo mal me estuviste evitando durante una semana. Y como en casa de Tom no me dirigiste la palabra, pues decidí jugar un poco.
  •           Eres un maldito imbécil – cogí mi copa y me fui hacia una mesa, alejada de él.
  •           ¿Por qué? Ya te dije que estaba borracho – se sentó a mi lado y me observó con detenimiento. – Espera, hay algo más, ¿no?
  •           Qué listo eres.
  •           ¿Los problemas que tienes con Harry son por mí? – no se lo creía.
  •           Sí, Danny. Por tu maldita culpa no he vuelto a acostarme con Harry. ¿Estás contento? – y rompí a llorar. Me sentía tan culpable e impotente que solo podía llorar.
  •           Pero si solo fue un beso, nada más. Yo iba muy borracho y fui un cerdo. No llores, por favor – no pude resistirme a su abrazo.
  •           Danny, no fue solo un simple beso. Esa noche me miraste de un modo extraño, no sé cómo explicarlo, pero había algo más a parte de una enorme borrachera. Y luego, en casa de Tom – mientras, seguía llorando en su hombro. – Danny, estoy confusa. Y no sé qué hacer.

Estuvimos en aquella postura un buen rato. Ninguno de los dos quería decir nada y estropearlo. Cuando quise darme cuenta, Danny subía unas escaleras conmigo entre sus brazos.

  •           ¿Qué haces? – no tenía fuerzas para librarme de sus brazos, así que me dejé llevar al piso de arriba.
  •           Estabas muy borracha y ya iban a cerrar el pub. Estamos en mi casa – llegamos arriba y abrió una puerta, era su habitación.
  •           Llévame a casa – le dije en un susurro.
  •           No estás en condiciones para explicarle a Harry nada. Además, ya le he dicho que esta noche te quedas a dormir aquí – me depositó suavemente en su cama.
  •           Estás loco – volví a oír cómo se reía.
  •           No irás a dormir con esa ropa, ¿no? Porque no parece muy cómoda – me observaba desde el quicio de la puerta.
  •           ¿Acaso tienes algún pijama mío escondido por ahí? – no tenía la menor intención de quitarme la ropa.
  •           Pijama tuyo aún no, pero tengo una camiseta que sé que te encanta – salió del cuarto y poco después volvió a aparecer con una camiseta en las manos. Sí, tenía razón, adoraba esa camiseta y ya se había convertido en mi pijama cuando dormía en su casa.
  •           Eres odioso – cogí la camiseta a regañadientes y le obligué a que se girara.
  •           Lo sé, pero te encanta que sea así – menos mal que cuando se giró yo ya estaba con la camiseta puesta. No me apetecía que me viera en ropa interior aunque ya lo hubiera hecho otras veces. Esta vez era diferente.

Sin darme tiempo a reaccionar se quitó la ropa y se puso solo un pantalón de pijama. No pude evitar mirar su tatuaje, aquellos dibujos siempre me habían fascinado. Incluso estuve presente cuando se hizo los últimos. Danny se dio cuenta y se sentó a mi lado, poniéndome el brazo delante para que lo pudiera ver mejor.

  •           Adoro tus tatuajes, son perfectos – no podía parar de mirar su brazo. – Aunque ya sabes que el que más me gusta es el que tienes en la parte superior de la espalda. Cuando lo vi por primera vez aluciné.

Con una sonrisa, Danny se giró para que lo pudiera contemplar. Sin saber muy bien cómo, me vi tocando su tatuaje. Rocé cada línea, cada letra de aquella perfección. Al cabo de unos minutos, Danny se volvió a girar y me miró. Otra vez me miraba de aquella manera extraña. Pero esta vez fui yo la que cogió con suma delicadeza su cara.

  •           Tengo que comprobar una cosa – dije antes de besarle y de encender definitivamente esa llama que había en nuestro interior. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

No sin ti. Capítulo 2


Había pasado una semana desde la boda de Tom. También había pasado una semana del beso con Danny. Intentaba olvidarme de ello, pero era imposible. Danny no paraba de llamarme. Cuando me levantaba, miraba el móvil y veía diez o quince llamadas suyas. Menos mal que no lo intentó al teléfono de casa, si no, Harry se habría enterado. Aunque yo no escondía nada, no había hecho nada malo. ¿Por qué me sentía como si le hubiese sido infiel?

Intenté mantenerme ocupada, trabajaba, salía con las chicas y estaba con Harry. Se me daba bastante bien ocultar mis sentimientos, así que nadie se dio cuenta de que algo no iba bien. Pero llegó el fin de semana y todo se fue al traste, Tom nos había invitado a su casa para celebrar que llevaba una semana casado. Y todos estábamos invitados, por lo que tendría que ver a Danny, aunque esperaba que no sacara el tema delante de todos.

Cuando llegamos a la casa de Tom ya estaban todos. Salimos al jardín y cogimos un par de cervezas. Harry se fue a ver qué tal iban las hamburguesas y yo me quedé hablando con el resto. Danny se encontraba justo enfrente de mí, pero para mi sorpresa, no me miraba. Me molestó un poco su comportamiento. Vale que yo le había ignorado toda la semana, pero había sido él el que me había besado, el que había hecho algo mal. Pero dejé ese tema de lado, me centré en pasármelo bien y en disfrutar de un día soleado, ya que hacía días que solo veíamos nubes.

Tom nos había dicho que nos lleváramos el bañador, ya que hacía un día tan bueno. Después de comer, nos quitamos la ropa y nos metimos sin pensarlo en la piscina. Nos pasamos varias horas nadando y charlando. Beth y Sam se fueron pronto, tenían cena con sus novios y tenían que prepararse. Harry y yo nos quedamos un rato más en la piscina, y el resto se salieron para prepararse para la cena, ya que alguien tenía que llamar para que nos trajeran las pizzas.

Tom llamó a Harry para que le ayudara a preparar los mojitos. Hice unos cuantos largos más y salí de la piscina, empezaba a refrescar. Cuando fui a por la toalla, vi que no estaba. Alguien se la había llevado. Estuve un buen rato tiritando, hasta que alguien me puso una toalla por la espalda. Me di la vuelta y vi al hombre que me había ignorado todo el día.

  •           Gracias – intenté parecer muy seca.
  •           ¿Algún día vas a perdonarme? – se había puesto delante de mí y me miraba suplicante.
  •           ¿Por qué tendría que perdonarte? – intenté ir hacia la casa, pero su cuerpo me lo impedía.
  •           Porque yo estaba borracho y solo fue un simple beso.
  •           Bueno, pues ya está, no hay nada más de que hablar – le aparté como pude y me metí en la casa.

Dentro encontré a Tom y Harry preparando la bebida. Me acerqué a ellos y les robé un vaso que ya estaba preparado. Necesitaba meterme algo de alcohol en el cuerpo, aunque esos mojitos nunca llevaban demasiado.

Las pizzas no tardaron en llegar. Nos sentamos en los sofás y vimos la tele mientras devorábamos las porciones. Ya no quedaban mojitos, así que me levanté con la esperanza de que quedara alguna cerveza en la nevera. No me di cuenta de que alguien me había seguido hasta la cocina. Abrí la nevera y ese alguien me acarició la espalda.

  •       Harry, sé que te pongo demasiado en esta postura, pero preferiría esperar a casa – y la risa que escuché no era la suya. - ¿Qué diablos haces?
  •       Tenías un papel pegado en la espalda, nada más – Danny se había apartado de mí y ahora estaba apoyado en la encimera.
  •           Danny, ¿a qué juegas? – cerré la nevera y le miré muy seria.
  •           ¿Yo? A nada – cogió una de las cervezas que llevaba yo en la mano y empezó a beber. - ¿Te molesta mi presencia? ¿Te pone nerviosa?
  •         No te reconozco Danny. ¡Te recuerdo que tienes novia! – fui hacia él y le di una bofetada. Pero cuando fui a quitar la mano él me la sujetó y eso hizo que estuviéramos muy cerca. – Madura de una vez.

Me solté, cogí otra cerveza más y salí de la cocina. Danny me pisaba los talones cuando llegamos al salón. Me senté al lado de Harry y le di una de las cervezas. Danny estaba en el suelo apoyado en uno de los sofás, primero me había ignorado y ahora no dejaba de mirarme. Intenté centrarme en la televisión y en la cerveza.

A las tres de la mañana volvimos a casa. Subimos directamente a la habitación. Harry estaba cansado pero yo tenía ganas de alargar la noche un poco más. Y como Harry es un ser humano, no pudo resistirse a la tentación. Pero esa noche fue un desastre, porque en uno de los momentos de mayor placer, vino la imagen de Danny a mi mente, y eso lo estropeó todo. Pero no porque no pudiera terminar, si no porque aumentó mi placer.

No sin ti. Capítulo 1


  •           Cariño, ¿estás lista? – Harry estaba en las escaleras mirando todo el rato el reloj. Se estaba poniendo muy nervioso.
  •       Un segundo. Es que no sé qué zapatos me quedan mejor.

Oí cómo subía las escaleras y entraba en nuestro cuarto. Yo me di la vuelta y le enseñé los dos pares de zapatos que me estaban volviendo loca.

  •           ¿Cuáles me pongo? – y Harry me señaló unas sandalias. – ¡Gracias cariño!

Nunca me había gustado mucho arreglarme para ese tipo de eventos. Así que no me comí mucho la cabeza para buscar el vestido. Se trataba de un vestido blanco y negro que se ataba al cuello. Ajustado por la cintura y con vuelo en la parte inferior. Sencillo pero muy bonito. Me arreglé un poco el pelo y me colgué del brazo de Harry.

Llegamos a la iglesia y fuimos a ver al novio. Estaba muy nervioso y eso hizo que todos nos riéramos.

  •           Tom, tranquilo. Lo harás muy bien – le animó Harry.

Dejé a Harry con Tom y me fui a buscar mi sitio entre los bancos de la iglesia. En ese momento vi a Danny entrar corriendo por la puerta principal.

  •  ¿Llego tarde? – preguntó entrecortadamente. Parecía venir de una carrera o algo.
  •  Respira anda. No eres el primero, pero tampoco el último.
  • ¡Bien! – se empezó a reír y las personas que iban entrando le miraban con caras raras.
  •  Baja un poco el tono de tu risa o te echarán – le agarré de la chaqueta y le hice sentarse a mi lado.
  • Vale, ¡pero no me arrugues el traje! – y empezó a alisárselo desesperadamente.
  • Eres un crío. Espera, ya lo hago yo – y empecé a hacer lo mismo.
  • Por cierto, estás muy guapa. Ese vestido te queda muy bien – yo me sonrojé, aunque ya debería estar acostumbrada a sus piropos y tonterías.
  • Tú también estás muy bien – nos quedamos mirándonos en silencio hasta que la madre de Tom apareció y le dijo a Danny que tenía que irse.

Había sido una sensación muy rara, pero seguramente eran los nervios. Hablé un rato con la madre de Tom hasta que llegaron Sam y Beth, iban deslumbrantes.

La ceremonia fue perfecta, los chicos estaban guapísimos y la novia iba radiante. Después de unas cuantas fotos, nos fuimos al banquete, nuestras tripas empezaban a quejarse. Danny, Dougie, Harry y nosotras tres nos sentamos en una mesa. La novia de Danny estaba de viaje, así que no pudo venir. También estaban en la misma mesa los novios de Sam y Beth.

Estuvimos toda la comida de risas y haciendo el tonto. Cuando nos juntábamos todos era lo que solía pasar. Dougie y Harry habían salido a la terraza para fumar. Y Danny y los otros dos se quedaron en la mesa bebiendo y mirando a las invitadas. Nosotras nos fuimos a saludar a la pareja y a bailar un rato. Danny se nos unió en la pista. Iba bastante borracho, aunque nosotras también llevábamos varias copas en el cuerpo. Hicimos un círculo y empezó a bailar muy sensualmente para las tres. Siempre tenía que hacer el payaso, fuera donde fuese. Yo estaba un poco distraída, así que no me di cuenta cuando me cogió y empezó a bailar conmigo. Incluso perdí una sandalia en una de las vueltas que me dio, pero me gustaba tanto hacer el payaso con él que no le di importancia. Estuvimos bailando hasta que los invitados empezaron a irse.

  •           Chicos, ya es hora de volver a casa – nos dijo Tom, que iba agarrado de su esposa.
  •         ¡Yo quiero bailar más! – decía Danny mientras se subía en una de las mesas y empezaba a hacer un estriptis.
  •           ¡Baja de ahí que te vas a matar! – le dije yo, pero siempre con una sonrisa en los labios.
  •           Zoe, ¿te ocupas tú de él? – dijo Tom y yo asentí. – Gracias. ¡Mañana nos vemos!

Las chicas se fueron a sus casas. Harry y Dougie se fueron juntos ya que Danny había venido en su coche y no queríamos dejarlo ahí. Por lo que me tocó conducirlo a mí.

  •           ¿Seguimos la fiesta nosotros? – dijo mientras ponía la radio y buscaba alguna emisora donde pusieran música marchosa.
  •           Creo que ya has tenido suficiente fiesta por hoy. Te llevo a casa y directo a la cama – le dije sin dejar de mirar a la carretera.
  •           ¡Eres mala! ¡Yo no quiero dormir! – apoyó su cabeza en mi hombro y empezó a tararear una canción.
  •         Mírate, estás reventado – le revolví el pelo y empecé yo también a tararear la canción. – Ya hemos llegado.

Fui hasta su puerta y le ayudé a salir del coche. Antes de entrar, tuve que sujetarle porque no paraba de vomitar. Después, entramos en su casa y le subí hasta su cuarto. Le di un vaso de agua y cuando se lo acabó empezó a quitarse la ropa, y aunque había confianza, me giré, para darle un poco de intimidad.

  • ¿Qué haces? – me dijo desde la cama. - ¿No me vas a ayudar?
  • Danny, tú solito puedes hacerlo – no me giré.
  • Va, porfi. Necesito ayuda, si me muevo mucho volveré a vomitar – se levantó como pudo y me cogió de la muñeca.
  • Está bien.

Danny se volvió a sentar en la cama y con una sonrisa triunfal se dejó hacer. Yo me agaché y le quité los zapatos. Luego, con demasiada fuerza que casi me caigo al suelo, le quité los pantalones. La camisa estaba casi abierta del todo, así que eso no me costó mucho. Me senté a su lado y terminé de desabrocharla. Pero lo que pasó después me dejó helada al mismo tiempo que confusa. Le fui a quitar la camisa cuando Danny se acercó a mí y me cogió la cara con las dos manos. Me la levantó un poco y me miró a los ojos. No sabría explicar muy bien qué decía su mirada en aquel momento. Después de apartarme un mechón que se había caído de mi recogido, me besó.

  •           ¿Se puede saber qué diablos haces? – cuando conseguí respirar, le empujé y me aparté de él.
  •           ¿No te ha gustado? – intentó acercarse a mí, pero yo ya estaba en la puerta, dispuesta a irme.
  •           Eres un maldito imbécil, Danny. Espero que duermas bien – salí dando un portazo. - ¡Adiós!

Cuando salí de su casa, empecé a caminar hacia la mía, no estaba demasiado lejos. En ese momento solo tenía una cosa en la cabeza, la sensación que me había dejado su beso. 

martes, 21 de agosto de 2012

No sin ti. Prólogo


  •       Mírame a los ojos y dime que me vaya.

Tenía delante al hombre que tantos quebraderos de cabeza me había dado en estos últimos meses. Cuando le conocí supe que íbamos a ser grandes amigos, y poco a poco lo conseguimos. Había química entre nosotros, pero no de esa en la que acabas en la cama, si no que cuando estábamos juntos, no había ningún tipo de tensión, podíamos estar horas hablando y no cansarnos, o estar tumbados en el sofá de su casa, viendo la tele y sin saber nada del exterior, como en una especie de burbuja, nuestra burbuja. Pero cada uno tenía su propia vida, y había alguien que nos esperaba a los dos en nuestras casas.

Lo que ninguno de los dos sabía era que dentro de nosotros había una llama que no tardaría en encenderse. Ninguno de los dos nos queríamos dar cuenta, él tenía novia y yo estaba con Harry. Los dos éramos muy felices con nuestras parejas. Pero cada vez se nos hacía más difícil escapar de aquel juego que empezó siendo inofensivo.
  •           ¿Zoe? – lo tenía tan cerca que me era imposible reaccionar.
  •           Vete, por favor – pero no conseguí mirarle a la cara.
  •       No es lo que quieres, ¿verdad? – me había puesto una mano en la cadera y yo no hice nada para impedirlo.
  •           Yo quiero a Harry – o eso pensaba yo. – No quiero hacerle más daño.
  •           Eso haberlo pensado antes de las últimas veces – ese hombre se había vuelto mi droga, era adicta a él, a sus besos, a sus caricias. Y no sabía cómo desintoxicarme.
  •           Por favor – pero sus labios estaban tan cerca de los míos que no pude resistirme.

Me agarré a su cuello con furia, él me cogió y me llevó hasta la cama. Ya no estábamos en la habitación de siempre. Desde que todo empezó, íbamos al mismo hotel para vernos, para sentirnos. Pero ahora estábamos en otro lugar bien distinto, a miles de kilómetros de nuestro hogar. Estábamos en la habitación de un hotel en Tailandia.

Pero esta situación tenía un principio, como cualquier historia. Todo empezó un catorce de julio. Era la boda de uno de sus mejores amigos y los dos estábamos invitados.

¡Ayuda!

¡Hola gente!

Tengo que usar Blogger porque Metroblog no me funciona...

Os tengo que decir dos cositas...

La primera. Ayer se me ocurrió una nueva historia y creo que puede ser muy bonita, así que me pondré a ello estos días. Pero necesito vuestra ayuda.

- Decidme algún nombre femenino inglés a poder ser poco común!!

- Y también decidme alguna canción que no sea de Mcfly y que se pueda tocar a piano y que sea bonita!!


Y la segunda. Si Blogger me deja, os iré publicando estos días una de mis historias. Si me deja, espero que os guste.

¡Gracias por leer y por comentar!

¡Sed felices!

sábado, 30 de julio de 2011

Seis

Solo podíamos hacer una cosa, disfrutar. En esos momentos no teníamos agobios, compromisos, jefes pesados, despertadores con canciones odiosas, tráfico a todas horas, estrés. No, no teníamos que preocuparnos por nada de eso. Habíamos dicho adiós a la responsabilidad y a la madurez. Los seis habíamos cogido un barco y nos habíamos ido a donde nada tenía demasiada importancia, el mar. Solo necesitábamos comida, mucha cerveza, un bikini diminuto y muchas ganas de reírnos y pasarlo bien.

La idea del barco fue de Doug. Quería hacer algo especial por el cumple de Mónica y qué mejor que celebrarlo en un barco alejado de todo. La cara de Mónica al descubrir que íbamos a pasar cuatro días viviendo en un barco fue muy divertida. Pasó de “oh dios mío qué diablos es esto” a saltar encima de Doug y no parar de besarle. Estuvimos durante varios minutos riendo. Pero lo mejor fue cuando se enteró de que nosotras también íbamos. Empezó a chillar y a llorar. Siempre hacía lo mismo, cuando algo le emocionaba mucho no sabía si llorar o reír, y siempre acababa haciendo las dos cosas.

Una vez instalados y alejados de la costa, empezó la verdadera diversión. Doug sacó seis cervezas y brindamos.

-Por cuatro días inolvidables – dijo Tom levantando su cerveza. Se acercó a Amaia y le dio un beso en la mejilla.

Hasta la hora de comer estuvimos bañándonos. Nos tiramos todos a la vez, pero Mónica se quedó parada. Desde el agua, nosotros le animábamos para que se tirara. Le decíamos de todo, pero ella no quería. Le daba miedo que nos pasara algo, lo típico de una película, que estando todos en el agua, el barco se fuera. Doug subió por la escalerilla y se puso a su lado.

-¿Qué ocurre pequeña? – le preguntó en el oído.

-¿Y si pasa algo? – le miró a los ojos y Doug le sonrió.

-No va a pasar nada – le dijo cogiéndole la mano.

-Pero, ¿y si…? – no pudo continuar, Doug se acercó y le calló con un beso – No hay quien pueda con eso. Está bien, pero como pase algo será tu culpa y te odiaré siempre – pero no pudo evitar reírse.

-Me parece bien – le tendió la mano y Mónica se agarró muy fuerte a ella. Contaron hasta tres y saltaron.

Después de ese momento, todo fue genial. Hicimos carreras, ahogamos a los chicos, nos ahogaron ellos a nosotras, nadamos, jugamos con una pelota que había traído Doug y nos hicimos fotos con una cámara sumergible. Pero el mar cansa enseguida, así que no tardamos mucho en subir al barco para comer algo.

Tom nos preparó unas deliciosas pizzas precocinadas. Harry sacó más cervezas y Amaia puso música a todo volumen. La comida pasó rápida, entre risas y algún que otro atragantamiento por mi parte. Cuando acabamos, las chicas limpiamos los platos por haber perdido la carrera en el agua. Mientras, los chicos seguían bebiendo y haciendo tonterías. Nos metimos en la pequeña cocina y Amaia se trajo los altavoces, ya que nos tocaba pringar a nosotras, era justo que tuviéramos nosotras la música. Aunque hubo alguna que otra queja, no les hicimos caso. Estuvimos limpiando a ritmo de Cobra Starship.

Cuando todo estaba reluciente, salimos y nos encontramos a Doug y a Harry echando un pulso mientras Tom gritaba a Doug, seguro que había apostado por él.

-¡Nosotras también queremos apostar! – gritó Amaia.

-Yo voy con Harry. Lo siento cariño, pero creo que tiene más posibilidades – y Mónica se puso al lado de Harry.

-Vale, pues yo apuesto por Doug – dije yo, aunque sabía perfectamente quién ganaría. Pero era divertido ver la cara de Harry y de Doug al ver que sus novias no tenían fe en ellos.

-Pues yo… - dijo Amaia mirando a los dos bandos – Yo voy con Harry. Así somos tres y tres. Y quien pierda tendrá que hacer todo lo que los ganadores queramos – y se empezó a reír ella sola.

-¡Va Doug! ¡Gánale! ¡Va! ¡Un poco más! ¡Más fuerte! – empezamos a decir Tom y yo en el oído de Dougie.

-Yo no te digo nada Harry. No lo necesitas – dijo Mónica mirándonos con orgullo.

Y como estaba todo perdido, me acerqué a Harry y empecé a decirle cosas muy sucias en el oído, para distraerle y que Doug le pudiera ganar. Amaia intentó apartarme, pero Tom vino en mi ayuda y la sujetó. Pero también tenían a Mónica, que me empezó a hacer cosquillas y no pude defenderme y continuar con mi ataque. Así que, como estaba previsto, Harry ganó. Tom, Doug y yo pusimos cara de pena como si lo hubiéramos perdido todo. Harry se acercó a las chicas y se chocaron la mano. Eso era lo peor de todo, a parte de la vergüenza de haber perdido, ahora nos tocaría hacer cosas humillantes, porque sabíamos cómo eran. No nos dijeron nada. Se lo tenían que pensar muy bien. Seguro que acabaríamos haciendo cosas muy desagradables.

Por la tarde, volvimos a bañarnos, pero esta vez solo las chicas y Dougie. Tom estaba muy entretenido con su guitarra y Harry se había quemado un poco por la mañana, así que se fue a un camarote y se tumbó un rato. Amaia y yo no tardamos mucho en subir, teníamos los labios morados y empezaba a hacer un poco de frío. Pero como Doug y Mónica podían calentarse mutuamente, se quedaron un rato más. Amaia se acercó a Tom y se sentó encima de él. Éste se quejó porque iba mojada pero terminaron tumbados en la toalla y haciéndose cosquillas. Como no quería interrumpirles, me metí en el camarote donde estaba Harry. Se había quitado los pantalones y la camiseta y estaba boca abajo. Me acerqué sin hacer ruido y me tumbé encima de él.

-¡Buenos días bello durmiente! – y escurrí el agua de mi pelo por su espalda.

-Estás mojada y me estás mojando – dijo casi en un susurro y con los ojos aún cerrados.

-¡Qué listo! Ahora adivina qué llevo puesto.

No tardó ni un segundo en darse la vuelta. Mientras entraba en el camarote me había quitado el bikini. Me sonrió y me giró para quedarse él arriba.

-Espero que no te hayas bañado así. Recuerda que tengo un amigo un poco salido.

-Creo que tu amigo está ocupado con una de mis amigas – y le sonreí.

-¿Y los otros dos? – preguntó con un brillo en sus ojos.

-También están entretenidos – y me reí al ver su cara de satisfacción.

-Mmmm. Perfecto. Así nadie nos molestará – y se acercó a mis labios sin dejar de mirarme.

Un grito me despertó. Era Amaia, quería entrar en el camarote para decirnos algo, pero no quería hacerlo por si interrumpía algo.

-Puedes pasar, tranquila. Tu amiga está durmiendo – dijo Harry dándome un beso y poniéndose los calzoncillos.

-Estoy despierta – me senté en la cama y me puse la camiseta de Harry. - ¡Pasa de una vez! ¡No estamos desnudos!

-Vale, vale. Solo venía a informarte de que vuestro castigo empieza ahora. Toma – y me entregó un delantal. – Ponte esto y ven a la cocina – y le guiñó un ojo a Harry.

-Creo que te lo tienes que poner sin nada debajo, ¿me equivoco? – miró a Amaia y ésta asintió con la cabeza.

-Os odio a los dos – pero obedecí y me lo puse.

Iba muy ridícula. El delantal era el cuerpo de un hombre desnudo. Me esperaba una noche muy larga. Me levanté de la cama pero Harry me cogió del brazo y tiró de mí.

-¿Dónde vas? ¿No me das un beso? – se estaba divirtiendo mucho.

-No – dije enfadada.

-¿Por qué? – y me sentó encima de él.

-Por ser tan fuerte y haber ganado a Dougie.

-Que tonta eres. Sabes que si hubiera sido al revés, algo malo y humillante hubierais pensado seguro – y me cogió de la barbilla para que le mirara.

-No tan humillante. Os habéis juntado los peores – pero él empezó a notar que yo ya no estaba enfadada. Y que en el fondo yo también iba a pasármelo bien.

-Haber apostado por mí – y no me dejó hablar. Me acercó y me dio un beso tierno.

Nos levantamos los dos y nos dirigimos a la cocina cogidos de la mano. Cuando entramos, no pude evitar soltar una carcajada. Amaia estaba en un lado de la cocina sin poder aguantar la risa. Y Mónica estaba delante de Tom y Dougie haciéndoles fotos. Ellos llevaban lo mismo que yo, pero en vez de hombre, el delantal era de mujer. Estaban muy graciosos. Encima, no paraban de hacer poses y Mónica no paraba de hacerles fotos. Harry me empujó un poco y me quedé en medio de Tom y Doug. Miré con odio a Mónica y ella me sonrió. Ella también se lo estaba pasando muy bien, y esto solo era el principio.

Mientras Harry, Amaia y Mónica bebían, hacían fotos y se reían, nosotros hacíamos la cena. Pensamos en escupir en la suya, pero sería demasiado cruel. Sacamos las cosas y empezamos a cenar. Mónica y Amaia se miraron. No me gustaba nada cuando se miraban de esa manera. Algo tenían planeado.

-Soltadlo de una vez. ¿Qué vais a hacernos ahora? – dije cogiendo el tenedor para empezar a cenar.

-Yo que tú soltaría el tenedor – dijo Amaia sin poder parar de reírse.

-¿Por? – pregunté dejándolo al lado del plato.

-Mejor, dádmelos. No me fío de vosotros – dijo Mónica y extendió la mano para que nosotros les diésemos los tenedores.

-¿Y cómo cenamos? ¡Es pasta! – preguntó Doug.

-Espera, eso no es todo – esta vez fue Harry el que intervino. Se levantó y desapareció. Nosotros estábamos alucinando. Cuando volvió, traía cuerdas.

-¿Y eso? – pregunté.

-Os vamos a atar las manos. Solo podéis cenar con la boca, sin utilizar nada más – y pareció gustarle la idea a Mónica y Amaia, porque asintieron y se volvieron a reír.

Harry me cogió los brazos y me los puso en la espalda. Me ató y me dio un beso en la nuca. Como si eso mejorara las cosas. Amaia ató a Tom y Mónica a Doug. Cuando ya estaban contentos, cogieron los tenedores y empezaron a cenar. Nosotros nos miramos y con miedo empezamos a comer como pudimos. Era complicado y, encima, nos estábamos pringando mucho. Ellos casi no podían cenar, no paraban de reírse. Cuando terminamos nos dimos la vuelta esperando a que nos soltaran. Teníamos toda la cara llena de tomate, pero teníamos claro que nos íbamos a vengar. Nos desataron y cuando tuvimos oportunidad nos lanzamos contra ellos. Tom y Doug lo tenían más fácil, pero a mí me costó un poco llegar a la cara de Harry. Oía gritar a Mónica y a Amaia, ya tenían toda la cara llena de tomate. Pero Harry no tenía ni una sola mancha. Llamé a los chicos y vinieron a ayudarme, ya que era el único que estaba limpio. Le agarraron como pudieron y me allanaron el camino. Me acerqué lentamente a su cara cuando oí a Doug suplicándome para que me diera prisa. Acorté la distancia rápidamente y empecé a besarle. Harry ponía cara de asco, pero no parecía importarle demasiado. Dejé de besarle y empecé a restregarme por todas partes. Por fin había acabado igual de sucio que nosotros. Pero la cosa no acabó ahí. Harry se soltó y fue a por mí. Me escondí detrás de las chicas, pero como estaban en su bando, se abrieron y le dejaron pasar. Intenté huir pero él me cogió enseguida. Intenté escaparme, pero fue en vano. Empezó a darme pequeños besos por todas partes. Ahora era él el que me estaba manchando. Se acercó al borde del barco e hizo amago de tirarme.

-Ni se te ocurra – le dije adivinando sus intenciones.

-Me has manchado, ahora tienes que pagarlo. Además, así te limpias un poco, que tienes la cara muy guarra – y empezó a reírse.

Pero no tuvo tiempo de hacer nada. Tom y Doug se habían ido acercando poco a poco. Y nosotros no nos habíamos dado cuenta. Harry notó algo y fue a girar la cabeza, pero fue tarde, le empujaron y caímos los dos al mar. Cuando salimos a la superficie, vimos a todos riéndose. Harry intentó tirarles agua, pero no consiguió mojarles. Me acerqué a Harry para agarrarme a él, pero me di cuenta de una cosa.

-Oh, oh. – fue lo único que dije.

-¿Qué pasa? – me preguntó él volviéndose a mí y mirándome preocupado.

-He perdido el delantal. No lo tengo – y busqué por todas partes, pero no lo encontré. Y Harry lo único que hizo fue reírse.

-¿Por qué tanta risa? – preguntaron en el barco.

-A la inútil de mi novia se le ha caído el delantal. Y ahora está completamente desnuda – y se arrimó a mí mucho y me susurró en el oído. – Creo que tampoco es tan malo, ¿no?

-¿Primero me llamas inútil y luego intentas seducirme? – y me alejé un poco.

-¿Funciona? – y me cogió por la cintura.

-No.

-¿Te has enfadado? – me acercó un poco más a él.

-Sí – y miré para otro lado, pero él me cogió y me besó.

-¿Y ahora? ¿Ha disminuido o aumentado?

-Mmmm – y sin dejar que él siguiera, me acerqué y le besé. Me agarré muy fuerte a él y le besé con furia, con pasión, con deseo.

-Espera, igual seguimos teniendo espectadores.

-No. Hace rato que se han ido – y volví a besarle.

Mientras, en el barco, Doug y Mónica se habían ido a dormir, y Tom y Amaia se habían tumbado en una toalla y estaban mirando las estrellas.

-Te he echado mucho de menos – dijo Amaia.

-Lo sé. Un mes es demasiado tiempo – y cogió su mano para darle un beso.

-¿Cuándo os volvéis a ir? – pero Amaia sabía la respuesta.

-El lunes.

-No quiero que te vayas – y apoyó la cabeza en el pecho de Tom.

-Ven conmigo. Serán solo tres días – y los dos se incorporaron.

-No lo sé, Tom. ¿Y el trabajo? ¿Y las chicas?

-Ellas se pueden venir, y el trabajo… Di que estás mala – y sonrió.

-No puedo hacer eso. Ya lo hemos hablado. Tu deber es viajar, el mío es quedarme aquí.

-¿Me prometes una cosa? – dijo Tom cogiendo a Amaia y sentándola encima de él.

-Cualquier cosa – y le miró para que continuara hablando, ya que se había quedado callado.

-Si en algún momento te sientes sola, y las chicas no pueden estar contigo por lo que sea, llámame y yo volveré. – pero Amaia no parecía muy convencida. – Por favor.

-Te lo prometo – y se besaron.

Cuando ya no había nadie en la cubierta, Harry subió por las escalerillas y me gritó para que subiera. Cogió la primera toalla que vio y la abrió.

-Va, sube. Que no hay nadie.

-Es que hace mucho frío – dije tiritando.

-¿Prefieres dormir con los peces?

-¡No! Ya voy.

Y empecé a subir poco a poco. Pero el viento hizo que la escalerilla se moviese muy fuerte y yo empecé a gritar. Harry me dijo que no pasaba nada, pero yo estaba muerta de miedo y no podía moverme. Los chicos salieron al oír mis gritos, pero Harry los tranquilizó y les contó lo que había pasado.

-¡No pienso subir si no se van! – grité para que todos me oyeran.

-¿No podemos verte desnuda? – preguntó Doug.

-¡Mónica! ¡Al final pegaré a tu novio por decir estupideces! – pero yo seguía sin moverme.

-Tranquila, ya le he dado yo una colleja. Va, sube, que Tom y Doug se han ido.

-No me lo creo – y hacía bien en no creérmelo, porque de repente se oyó la risa de Tom.

-¡Tom! ¡Sé que estás ahí! No pienso subir.

-Tíos, será mejor que os metáis dentro. Se va a enfriar y si se pone mala no será nada divertido – y después de unos segundos. – Pequeña, te prometo que ya no están. Puedes subir.

Y poco a poco fui subiendo, hasta que llegué a la altura de Harry que me cogió y me arropó con la toalla.

-Será mejor que te lleve al camarote, estás tiritando – y me llevó dentro, donde se oían las risas de Tom y Doug al pasar nosotros por sus camarotes.

-Mañana me las vais a pagar – pero no sonó muy convincente, porque empecé a estornudar, lo que aumentó sus risas.

Harry me tumbó en la cama y me sacó un pijama de mi maleta. Me ayudó a ponérmelo, se quitó la ropa y se tumbó a mi lado.

-Buenas noches – y me besó en el hombro.

A la mañana siguiente, nos despertamos relativamente pronto. Cuando nos levantamos, los demás ya estaban bañándose. Harry preparó un poco de café y yo me puse el bikini, aunque no tenía muchas ganas de bañarme. Me tumbé en la toalla y tomé un poco el sol. Como no había dormido mucho por la noche, me quedé dormida, hasta que noté que dos cuerpos se tiraban encima de mí.

-¿Qué demonios? – abrí los ojos muy rápido y vi a Tom y Doug encima de mí, mojándome. - ¡Ya os estáis largando de aquí!

-¿O qué? – preguntó Doug, dispuesto a hacerme cosquillas.

-O mueres – e intenté levantarme.

Pero no me dejaron, empezaron a hacerme cosquillas, pero terminaron cogiéndome y llevándome en volandas para tirarme al mar. Mónica y Amaia seguían en el agua. Seguro que también había sido cosa suya.

-¡Soltadme! ¡Joder, que no me apetece bañarme! – pero no me hacían caso. - ¡Harry!

-¿Por qué tanto grito? – preguntó Harry con dos tazas en las manos.

-Tu novia, que está loca – dijo Doug.

-Diles que me suelten – y le miré suplicante.

-Va, dejadla. Creo que ayer tuvo suficiente.

Y, sin poder creérmelo, me soltaron. Me fui hacia Harry, pero me giré y les saqué la lengua antes de que se tiraran al agua. Nos sentamos y nos tomamos el calentito café. Vi la cámara de Mónica y la cogí, me apetecía hacer fotos, y la mía estaba en el camarote. Le hice varias fotos a Harry, luego hice alguna de los dos y acabé haciéndoles a los demás. Cuando hacían el tonto estaban realmente graciosos.

Como no salían del agua, me ofrecí para hacer la comida. Harry se negó al principio, pero con algún que otro beso, terminé convenciéndole. Hicimos una sana ensalada, pero lo complementamos con muchas patatas y mucho alcohol. Después, sacaron unos helados y nos los tomamos mientras nos reíamos del pringue que estaba formando Doug.

Por la noche no pudimos hacer gran cosa. Los chicos no habían mirado el tiempo, y la tormenta nos pilló por sorpresa. Pasamos un poco de miedo, pero supimos llevarlo bien. Jugamos a las cartas, Tom nos cantó alguna canción, Mónica nos hizo alguna foto, y cuando la tormenta cesó, nos fuimos a dormir. Había sido una noche demasiado movida como para alargarla mucho.

Nos despertamos muy pronto. Harry, Amaia, Tom y yo fuimos al camarote de Mónica y Doug. Entramos intentando hacer el menor ruido posible y cuando ya estábamos todos dentro, nos tiramos encima de ella y empezamos a gritar y a hacer mucho ruido.

-¡Felicidades! – empezamos a decir todos.

-¡Despierta cumpleañera! ¡Hoy es un gran día! ¡No lo malgastes durmiendo! ¡Arriba dormilona!

-Sois odiosos – Mónica seguía tumbada y con la cabeza debajo de la almohada, intentando no oírnos, pero eso era imposible.

-¡En diez minutos te queremos preparada o vendremos a molestarte otra vez! – dijo Amaia. Y salimos del cuarto.

Cuando nos fuimos, pudimos oír parte de la conversación de Mónica y Dougie.

-No es justo – dijo Doug.

-¿El qué? – preguntó Mónica quitándose la almohada de la cabeza.

-Ellos te han felicitado antes que yo – y se cruzó de brazos.

-Bueno, pero seguro que me gusta más tu manera de felicitarme – y se puso a su lado, mirándole a los ojos.

-Cierto, seguro que no me superan en eso – se giró y empezó a besarla con mucha intensidad. Pero tuvieron que parar, porque alguien gritaba desde fuera del camarote.

-¡He dicho diez minutos! – gritó Amaia, pero sin dejar de reírse.

-¡Vale! Aguafiestas… - Doug se levantó, cerró la puerta y volvió a sentarse junto a Mónica, le dio un rápido beso y le susurró en el oído. – Felicidades.

Nosotros estábamos fuera, con el desayuno preparado y esperando a que salieran. Menos mal que no pasaron más de diez minutos, si no, nos veía entrando a por ellos. Salieron con una gran sonrisa cada uno y Mónica se dejó abrazar y besar. Le tiramos de las orejas e hicimos que se sentase para desayunar. Cuando estábamos ya todos comiendo, nos miramos los cuatro y empezamos a cantar cumpleaños feliz. Mónica dejó de desayunar y empezó a ponerse muy roja.

-Aquí tienes nuestro regalo – dije yo. – Es de parte de los dos.

Abrió el paquete y cuando vio lo que había dentro, su cara de asombro nos hizo sonreír. Cogió la cámara que había dentro y no paró de mirarla.

-Es una pasada. Gracias chicos. En serio, una pasada. Es preciosa.

-Ya era hora de que jubilaras a la tuya – dijo Harry.

-Es nuestro turno – dijo Amaia. Y Tom le entregó un sobre.

-No me lo puedo creer – dijo sacando lo que había dentro. - ¡Disneyland Paris! ¿De verdad? ¡Ay! Gracias, gracias, gracias, gracias – y se levantó para abrazarnos a los cuatro.

Y después de eso, empezó a sonar su teléfono. Lo cogió y sonrió al ver quién era. Descolgó y lo puso en manos libres.

-¡Hola Danny!

-Hola cumpleañera. ¡Felicidades! ¿No pensarías que se me había olvidado, eh?

-¿Seguro que nadie te lo ha chivado? – y miró a Tom.

-Culpable – y empezó a reírse.

-Joder, Tom. No se puede contar contigo para nada – pero Danny no parecía estar enfadado, sino todo lo contrario.

-A mi chico menos, ¡eh! – empezó a decir Amaia.

-Hola a ti también simpática.

-Creo que será mejor que me aleje de vosotros. ¡Me ha llamado a mí! – y Mónica se volvió a levantar y se fue.

Después de un rato, volvió con una sonrisa y se sentó. Nos dijo que Danny le había dicho que tenía una sorpresa esperándole en Londres y que seguro que le gustaría. Terminamos de desayunar y recogimos todos menos Mónica y Doug.

-Tranquila, tu regalo te lo daré luego, en la intimidad – y le puso ojitos.

-Eres un payaso – le dijo dándole un beso.

Nos tiramos todos al agua menos Mónica, quería estrenar su cámara de fotos. Después de hacernos unas cuantas, la dejó en un lugar seguro y se tiró ella también. Estuvimos bastantes horas en el agua. Era muy divertido cuando estábamos los seis juntos. No había ningún momento en el que nos aburriéramos o no supiéramos qué hacer.

Cuando decidimos que teníamos la piel suficiente arrugada, salimos del agua. Esta vez fueron Amaia y Tom los que prepararon la comida. Mientras la hacían, nosotros bebíamos y nos hacíamos fotos. Tendríamos que meter estas fotos en una caja fuerte, si el resto del mundo las viese, se asustarían demasiado y nos tacharían de locos y salidos. Aunque tenían razón, nos encantaban las locuras y alguno que otro estaba bastante salido.

Comimos entre más risas, bromas y lágrimas de Mónica. Era su cumpleaños, pero cada vez se acercaba más a los treinta, y ya sabemos lo que nos pasa a las mujeres cuando cumplimos esa edad. Doug le empezó a hacer mimos y a darle besos, pero eso lo único que consiguió fue más burla por nuestra parte.

-Tenéis un camarote. ¡Usadlo! – dijo Harry.

-Eso, eso. Que nosotros somos aún jóvenes y no podemos ver esas cosas – dijo Amaia. Y yo le di la razón.

Se levantaron y se dirigieron al camarote.

-Yo que vosotros no entraría durante un buen rato – dijo Doug con una sonrisa.

-Cierto, ahí dentro pueden pasar cosas que no deben ver los niños. Así que mejor no paséis muy cerca o tendréis pesadillas para el resto de vuestras vidas – y entraron cogidos de la mano y riéndose.

Nosotros tuvimos que quedarnos fuera durante lo que nos parecieron horas. Jugamos a las cartas y pensamos en lo que podríamos hacer para cenar, ya que era nuestra última noche y tenía que ser algo especial. Volvimos a apostar y, por suerte, ganamos nosotras. Les tocaba hacer la cena a los chicos y, lo que era mejor, lo tenían que hacer con ropa nuestra.

Cuando volvieron los amantes, les contamos lo que había pasado y Doug se quejó. Pero no le quedaba otra. Era eso, o alguna cosa bastante peor. Aceptaron y fuimos a buscar algún modelito que les entrara. Cuando salieron, Mónica cogió su cámara e inmortalizó aquel maravilloso e inolvidable momento. Doug llevaba una falda muy corta y arriba llevaba el bikini. Tom llevaba el pantalón del pijama de Amaia, que era rosa, y arriba llevaba un sujetador y una camiseta de tirantes. Y Harry, llevaba un vestido muy ceñido y que no dejaba nada a la imaginación. Les hicimos varias fotos y les dejamos que preparasen la cena. Nosotras nos metimos en mi camarote, que era el que estaba más alejado y decidimos ponernos guapas. Nos arreglamos, nos maquillamos y nos peinamos un poco. Entramos en la cocina y casi les da algo al vernos. Estaban los tres con la boca abierta.

-No es justo – dijo Doug.

-Claro que sí – dijo riendo Amaia.

-Miraos y miradnos. No es nada justo – fue Tom el que habló.

-Justo y divertido – dije yo acercándome a Harry y dándole un beso.

-¿Queda mucho para la cena? Tenemos hambre – se quejó Mónica.

-Si sois tan amables de salir de aquí, tendréis la cena en nada – dijo Harry dándome una palmada en el culo y señalándonos la puerta para que nos fuéramos.

Salimos, nos acercamos a la barandilla y observamos el mar. Estaba muy tranquilo. Estuvimos un rato en silencio, hasta que Mónica lo rompió.

-Vamos a vivir juntos.

-¡Ya era hora! – dije yo muy emocionada.

-¿Y eso? – preguntó Amaia.

-Cuando nos hemos ido al camarote, me ha dado las llaves de un piso. Por fin se ha decidido, ya creía que esto no tenía futuro.

-Tienes que entenderlo, para él es un paso difícil. Pero sabes que si no te quisiese no lo habría hecho.

-Lo sé. Y cada día me lo demuestra más – ya no había tristeza en sus ojos.

Pero algo nos interrumpió. Estaban saliendo los chicos con los platos en las manos. Nos dimos la vuelta y empezamos a reírnos otra vez. Estaban demasiado monos con esa ropa. Pero hacía un poco de frío y ya habíamos tenido suficiente.

-Podéis cambiaros – dijo Amaia.

-Jo, ahora que empezaba a gustarme – siempre que hacía eso, Doug parecía un niño pequeño.

-Puedes quedarte así si quieres – le dijo Mónica con una sonrisa traviesa.

-Creo que no. Aquí hace más frío que en la cocina.

Y entraron para ponerse algo más varonil. Cuando salieron, fuimos nosotras las que nos quedamos sin habla. Estaban guapísimos y muy elegantes. Se acercaron a nosotras y nos dieron un beso antes de sentarnos todos a cenar. Mas que cenar estuvimos bebiendo durante toda la noche. Era la última y teníamos que aprovecharla. Cuando recogimos, Harry cogió las cartas y se volvió a sentar.

-¿Os hace un strip poker? – y empezó a barajar.

-¡Yo sí! – dijeron a la vez Tom y Doug.

-¿Y vosotras chicas?

-Vale, pero no vale hacer trampas, que os conocemos – dijo Mónica.

Nada más empezar, Doug se tuvo que quitar la chaqueta. Siempre era el primero en quitarse algo. Después me tocó a mí, nunca se me había dado bien jugar a ese juego. Como siempre, Harry era el último en quitarse alguna prenda. Pero esta vez no ganó. Fue Mónica la triunfadora, aunque todos nos quedamos en ropa interior.

Íbamos bastante borrachos, así que, ante la propuesta de meternos en el mar, no hubo ninguna queja. Ya en el agua, empezamos a hablar de cosas que en teoría, tendrían que ser importantes. Hablamos del futuro, de nuestras respectivas relaciones, del trabajo de los chicos, de su próximo viaje. Y luego pasamos a cómo llamaríamos a nuestros hijos. Sin darnos cuenta amaneció, y nosotros en el agua. Amaia empezó a llorar porque siempre había querido ver el amanecer y Tom le dijo molesto que ya lo había visto con él. Pero como todavía estábamos borrachos, a nadie le importó. Había sido un amanecer perfecto. Estábamos donde queríamos y con la gente que queríamos. Cuando Mónica dijo que había notado que algo le había tocado la pierna, no nos lo pensamos mucho, subimos uno detrás de otro. Nos metimos en los camarotes y dormimos hasta la hora de comer.

Fue Amaia la que nos despertó. Era la que mejor llevaba la resaca. Puso música y empezó a entrar en los camarotes dándonos los buenos días. Le tiré la almohada y ella la esquivó riéndose. Se fue a por la siguiente pareja y yo seguí durmiendo. Le quité la almohada a Harry y éste se quejó.

-¿Pero qué haces?

-Coger una almohada. Por si no te has dado cuenta la mía está en el pasillo – y volví a cerrar los ojos.

-Esa es mía, dámela si no quieres pagarlo – y fue a quitármela, pero yo me di la vuelta y le chupé en toda la cara. – Eres una cerda.

-Lo sé. Pero me quedo con la almohada. Si quieres vete a dormir con Tom, ahora mismo estará solo.

-Como quieras – y fue a levantarse, pero me adelanté y me agarré a él. - ¿Qué haces?

-No dejarte ir. ¿Te parece mal? - empecé a darle besos por el cuello.

-Eres un poco bipolar. Primero me dices que me vaya y luego no me dejas irme – pero en ese mismo momento, vimos a Amaia pasar por delante de nuestro camarote bailando y cantando.

-Sí, tu novia es bipolar. ¡Pero dale un beso y verás lo rápido que te dice sí a todo! – dijo tirándonos la almohada.

Harry le hizo caso y fue a darme un beso. Pero yo no me dejé. Me metí entre las sábanas y esperé a que él hiciera algo, pero nada. Asomé la cabeza y no le vi por ninguna parte. En ese momento oí el grifo de la ducha.

-¿Harry?

-Estoy en la ducha, si quieres algo ya sabes dónde estoy.

-¿Estás enfadado? – pero no respondió.

Fui al baño y entré sin llamar. No se estaba enjabonando ni nada, simplemente estaba debajo del chorro de agua. Antes de entrar le miré de arriba abajo.

-Tienes un culito muy mono.

-¿Solo vas a decirme eso? – dijo sin abrir los ojos.

-No te enfades tonto – y me metí en la ducha. Me acerqué y besé su espalda. Él se estremeció pero no hizo nada. Volví a intentarlo. Puse mi dedo en su nuca y fui bajando poco a poco. Cuando llegué a su zona sensible, justo encima del culo, se giró bruscamente y me besó. Y cuando me dejó respirar, me acerqué a su oído y le susurré. – Te quiero.

-Y yo a ti, pequeña.

Cuando salimos de la ducha, la comida ya estaba preparada. Era un intento de lasaña de Dougie, pero con bastante ayuda de Mónica. Nos sentamos y comimos muy despacio. Sabíamos que en unas horas volveríamos a la vida real y ninguno quería. En ese momento, Tom gritó.

-¡Eh! ¡No tenemos ninguna foto de los seis!

-Es verdad, Mónica ¿y la cámara? – pregunté yo.

-Colocaos y yo la voy poniendo – y se levantó para colocarla en algún sitio.

Y después de varios intentos, conseguimos hacer la foto perfecta, donde los seis estábamos riendo y donde se notaba que ninguno podíamos vivir sin los otros cinco. Terminamos de comer y pusimos rumbo a casa. Habían sido unos días fantásticos, cortos pero inolvidables.